martes, 13 de agosto de 2024

La seductora madre del emperador Nerón era en verdad lesbiana

Por cultura general sabemos que Agripina la Menor fue la cuarta esposa del emperador Claudio, su tío, pese a que los matrimonios incestuosos estaban mal vistos en la Antigua Roma. Como emperatriz lo convenció de adoptar a su hijo Nerón como su heredero en detrimento de su propio hijo, Británico, tenido con su tercera esposa Mesalina, a quien Claudio ejecutó por adultera. Tras conseguir su objetivo, Agripina lo envenenó para gobernar el imperio a través de su vástago, pero Nerón se le rebeló. Sabiéndolo pervertido, trató de seducirlo, más el joven emperador mandó a matarla antes de volver a caer en su manipulación. En resumen, esta es la parte más conocida de la vida de Agripina la Menor.

Pero lo que muchos desconocen es que la madre del infame Nerón, era "tríbada". Agripina la Menor nació como princesa de la dinastía Julio-Claudia a la que pertenecieron los cinco primeros gobernantes del Imperio Romano, el cual era un patriarcado donde la mujer era un ciudadano de segunda clase que solo podía acceder al poder de manera indirecta casándose con un hombre poderoso sobre el que influenciar.

Durante el reinado de Tiberio, el segundo emperador, Agripina fue casada con Enobarbo de quien tuvo a Nerón. Al morir su tío abuelo, la corona imperial recayó en Calígula, el psicópata hermano menor de Agripina, quien había adelantado la muerte del viejo emperador mandando a uno de sus esbirros a asfixiarlo mientras dormía. Calígula resultó peor que el perverso y cruel Tiberio, con decir que obligó a Agripina y sus otras dos hermanas menores: Drusila y Livila a acostarse con él.

Drusila era su favorita, así que cuando esta murió se exacerbo la locura de Calígula, quien prostituyó a sus bellas hermanas sobrevivientes para llenar las arcas imperiales que dilapido. Agripina para librarse de su perverso hermano y acceder al poder poniendo en el trono a su hijo siendo ella la regente, planeo un complot secundada por su hermana Livila, a quien amaba de manera más que fraternal por pasar todo ese calvario juntas.

Este punto es crucial, como se sabe el lesbianismo en la antigüedad no fue documentado por ser algo muy tabú a comparación de las relaciones homosexuales entre hombres más socialmente aceptadas. Al ser Agripina una princesa muy bella, a lo largo de su vida usó sus encantos para manipular a los hombres por quienes sentía desprecio, al contrario, las demás mujeres sojuzgados por estos le despertaban ternura.

Dado su carácter fuerte, tomó bajo su protección a su pequeña hermana Livila, casada con Vinicio, un hombre sin aspiraciones políticas. Sabiéndose débiles mujeres, se vieron forzadas a incluir en el plan a hombres poderosos, de los cuales se hicieron amantes para consolidar su alianza. Estos eran: el viudo de su hermana fallecida, Emilio Lépido, quien a la sazón era uno de los amantes masculinos de Calígula; y los generales Tigelino y Getúlico.

Sin embargo, el complot para derrocar al tirano fue descubierto: ellos fueron ejecutados a excepción de Tigelino quien fue exiliado como ellas, las cuales fueron enviadas a la desolada isla Pandataria donde al estar completamente solas, ya sin temor al qué dirán, se consolaron mutuamente viviendo de forma abierta un incestuoso romance lésbico. Hasta que años después, en un nuevo complot, militares opositores a Calígula, por fin lo mataron, tras lo cual se coronó emperador su tío Claudio, quien revocó el castigo a sus sobrinas y las trajo de vuelta para formar parte de su corte.

Durante su ausencia de Roma, había muerto Enobarbo, marido de Agripina, y la crianza de su hijo Nerón había recaído en su cuñada, Domicia. Devuelta a la sociedad, Livila se alejó de Agripina por tomar amantes masculinos, ya que ella no era sáfica, solo correspondió a su hermana mayor pues era una joven influenciable en busca de protección, pero ahora que era una mujer plena se dio al libertinaje, por lo que fue ejecutada por inmoral por su tío Claudio. Agripina con el consuelo de su nueva amiga íntima, Acerronia, planeo seducirlo, tras lo cual ocurrió lo que todos sabemos.

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