A medida de que me iba haciendo adulto, y mi padre envejecía, se ensañó conmigo como con un hijastro. Pues es bestial, como aquellos leones alfa que, por instinto, destierran a los hijos machos de sus manadas.
Abreviando, como es natural, el león joven ganó. El anillo que robe a mi padre ha vuelto a mí tras creerlo perdido.
Es uno baratísimo, pero encierra un simbolismo que eleva su valor: el viejo león rugió, pero no pudo hacer que se lo regresase.

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